En aquellos días, la reina Ester, temiendo el peligro inminente, acudió al Señor y rezó así al Señor, Dios de Israel: «Señor mío, único rey nuestro. Protégeme, que estoy sola y no tengo otro defensor fuera de ti, pues yo misma me he expuesto al peligro. Desde mi infancia oí, en el seno de mi familia, cómo tú, Señor, escogiste a Israel entre las naciones, a nuestros padres entre todos sus antepasados, para
ser tu heredad perpetua; y les cumpliste lo que habías prometido. Atiende, Señor, muéstrate a nosotros en la tribulación y dame valor, Señor, rey de los dioses y señor de poderosos. Pon en mi boca un discurso acertado cuando tenga que hablar al león; haz que cambie y aborrezca a nuestro enemigo, para que perezca con todos sus cómplices. A nosotros, líbranos con tu mano; y a mí, que no tengo otro auxilio fuera de ti, protégeme tú, Señor, que lo sabes todo.» Lectura del día
El rey Herodes había matado a espada al apóstol Santiago. Al ver que eso había agradado al pueblo, procedió a detener y encarcelar también al apóstol Pedro (Hechos 12:1-4). Había dieciséis soldados custodiándolo. Cuando se enteraron de esa noticia, algunos creyentes se movilizaron, no para preparar un plan de evasión o para quejarse ante el tribunal, sino para orar fervientemente.
Al parecer, esas oraciones no dieron ningún resultado, porque el rey había decidido la ejecución de Pedro ante el pueblo al día siguiente, con motivo de una fiesta. Pero esa noche un ángel enviado por Dios liberó a su siervo de las cadenas, hizo que pasase delante de los soldados de la guardia y le abrió las puertas de la cárcel. Entonces, Pedro fue a esos creyentes que seguían orando. Sin embargo ellos, incrédulos, ¡no podían creer la respuesta del Señor!
Puede suceder que el Señor sólo responda a la oración de sus hijos en el último momento. Quiere probar su fe, mostrarles su poder y reforzar su confianza en él. La oración en familia y la oración colectiva descansan en una maravillosa promesa: “Si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos” (Mateo 18:19).
“Esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye” (1 Juan 5:14). “Pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido” (Juan 16:24).
Clamaron al
Señor en su angustia,
y los libró de sus aflicciones.
Salmo 107:19.
y los libró de sus aflicciones.
Salmo 107:19.
La Mejor Arma es la Oración
El rey Herodes había matado a espada al apóstol Santiago. Al ver que eso había agradado al pueblo, procedió a detener y encarcelar también al apóstol Pedro (Hechos 12:1-4). Había dieciséis soldados custodiándolo. Cuando se enteraron de esa noticia, algunos creyentes se movilizaron, no para preparar un plan de evasión o para quejarse ante el tribunal, sino para orar fervientemente.
Al parecer, esas oraciones no dieron ningún resultado, porque el rey había decidido la ejecución de Pedro ante el pueblo al día siguiente, con motivo de una fiesta. Pero esa noche un ángel enviado por Dios liberó a su siervo de las cadenas, hizo que pasase delante de los soldados de la guardia y le abrió las puertas de la cárcel. Entonces, Pedro fue a esos creyentes que seguían orando. Sin embargo ellos, incrédulos, ¡no podían creer la respuesta del Señor!
Puede suceder que el Señor sólo responda a la oración de sus hijos en el último momento. Quiere probar su fe, mostrarles su poder y reforzar su confianza en él. La oración en familia y la oración colectiva descansan en una maravillosa promesa: “Si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos” (Mateo 18:19).
“Esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye” (1 Juan 5:14). “Pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido” (Juan 16:24).
¡Gracias, che!
BLOG EN CONSTRUCCIÓN. A.M.D.G.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario